Kentaro recorrió más de 3.000 kilómetros hasta que fue aplastado por un coche en Portugal. En menos de dos años, corrió desde los Montes de Toledo, donde fue liberado con un collar GPS, hasta La Rioja, tocando la provincia de Zaragoza. Después, atravesó Castilla y León y circuló durante algunos meses por Zamora y el norte de Portugal, hasta que entró desde Galicia a la costa cercana a Oporto. Y allí, en la localidad de Maia, murió atropellado en 2016. Las carreteras han provocado más del 45% de las muertes de linces ibéricos en los últimos 16 años. La historia de Kentaro es espectacular, pero, dejando de lado que este animal estuvo meses cazando corzos que le pueden doblar el peso -y que los expertos aseguran que entre el 80% y el 90% de su alimentación depende del conejo-, es una crónica más de las muertes de este animal por atropello. Pero ilustra a la perfección la necesidad de disponer de una red de corredores verdes que permitan la movilidad de los animales salvajes por la península Ibérica.

Y todo apunta a que esta red será una realidad dentro de no muchos años. De hecho, una investigación presentada ayer por WWF España y liderada por el investigador del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea Santiago Saura y un equipo científico de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid, ha identificado los 12 corredores ecológicos que hay que preservar en España. La propia Unión Europea aprobó hace años una estrategia dirigida precisamente a lograr este objetivo. Y el Gobierno español está ya en la recta final para adoptar esa medida y presentar un plan concreto de lo que los políticos llaman «infraestructuras verdes».

«Hay 2.100 espacios naturales en esta red europea. El 27% de todo el territorio español está protegido bajo la Red Natura 2000, pero no son suficientes si no están conectados entre sí», asegura la secretaria de Estado de Medio Ambiente, María García. «Construir corredores no es sencillo, estamos ya trabajando con Fomento y con las Comunidades Autónomas. Pero debemos tener la Estrategia Nacional de Infraestructuras Verdes terminada este año», dice.

La importancia de estas grandes autopistas va mucho más allá de que un animal pueda cruzar la península -como contaba la fábula de la ardilla que podía atravesar desde Gibraltar hasta los Pirineos de árbol a árbol sin pisar el suelo-. Estos corredores son fundamentales para favorecer el intercambio genético dentro de las especies, y para aportar mayor facilidad para que se adapten al cambio climático.

El estudio realizado por Saura y su equipo, además de identificar las 12 grandes autopistas para la biodiversidad en función de la vegetación que hay en ellas, ha localizado también los 17 puntos críticos en los que esta red de corredores no permite la circulación de fauna salvaje y sobre los que hay que actuar de forma prioritaria.

«Los bosques de ribera, por ejemplo, suponen sólo el 0,68% del territorio, pero albergan el 12% de estos puntos críticos», explica Saura. «Los paisajes agrícolas albergan el 8% de los corredores, pero el 32% de estos cuellos de botella [como los llaman los investigadores] están en terrenos de cultivo. En estos puntos es evidente que hay un problema que restaurar…».

Rescate de las autopistas

El trabajo presentado por WWF se tendrá en cuenta para la elaboración de la estrategia que está elaborando el Gobierno a instancia de la Unión Europea. Tanto la secretaria de Estado, como el director general de Medio Ambiente de la Comisión Europea, Daniel Calleja, lo confirmaron durante el acto de presentación. «Los espacios protegidos no son islas. Cada vez hay más evidencias científicas de la importancia de la conexión entre ellas. Áreas protegidas sí, áreas protegidas conectadas entre sí», asegura Calleja. «Este estudio nos va a permitir disponer de un análisis serio que nos permita avanzar en esa dirección. Es una iniciativa que tenemos que apoyar».

En España hay 160.000 kilómetros de infraestructuras y cerca de 1.000 presas, suficiente como para dar la vuelta al mundo cuatro veces.

«Europa es el continente con mayor fragmentación y España no es una excepción», cuenta Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España. «Cuando se trazaron los planes de infraestructuras se hizo sobre un mapa mudo, sin tener en cuenta las infraestructuras naturales que ya existían, y eso ha fragmentado mucho los espacios naturales».

Según el propio conservacionista, de lo que se haga en las próximas décadas va a depender cómo se va a adaptar la Humanidad a un futuro modificado por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. De ahí la importancia de actuar cuanto antes. «Para nosotros, estas son las únicas autopistas que se deben rescatar», dice Juan Carlos del Olmo.

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