EEUU publica una lista de 1.300 productos chinos a los que planea imponer aranceles

Ojo por ojo y diente por diente. Tan solo unas horas después de que Estados Unidos amenazara con aplicar aranceles por valor de 50.000 millones de dólares (unos 40.750 millones de euros) a 1.300 productos chinos, el Gobierno del gigante asiático respondió con la imposición de un gravamen del 25% a las importaciones de 106 productos estadounidenses, una decisión que aumenta los temores a que las dos mayores economías del planeta se encaminen hacia una guerra comercial total.

Según anunció hoy el Ministerio de Comercio chino, entre los productos castigados por Pekín se encuentran la soja, los automóviles, los aviones o el whisky estadounidense. Su suma alcanzaría un valor de unos 50.000 millones de dólares, igualando así la decisión previamente anunciada por Washington contra las exportaciones chinas de aparatos de tecnología punta de las industrias aeroespacial y robótica o los medicamentos, entre otros.

“Sin tener en cuenta las declaraciones de China, Estados Unidos anunció las propuestas de aranceles que son completamente infundadas, una típica práctica unilateralista y proteccionista que China condena enérgicamente y a la que se opone firmemente”, señaló el Ministerio en un comunicado. Además, el país asiático anunciaba su intención de acudir a la Organización Mundial del Comercioy advirtió de que está dispuesta a plantar cara a las medidas proteccionistas de Washington. “Tenemos la confianza y capacidad de responder a cualquier medida”, añadió.

De entre los productos afectados, el que más sufre de todos es la soja, cuyo valor de importación alcanzó casi los 14.000 millones de dólares el año pasado. Le siguen los automóviles (12.280 millones) y las aeronaves (9.500), muy por delante de otros como el algodón (980 millones) o el sorgo (950 millones). Tal y como ya pronosticaban los analistas, la mayoría de ellos provienen de estados republicanos, con lo que Pekín trataría de afectar principalmente a votantes de Trump y empujar a los representantes de estos territorios a que traten de convencer al presidente de que cambie sus políticos comerciales con respecto a China.

Por ahora, China no ha anunciado una fecha concreta para la entrada en vigor de estas nuevas tarifas, algo que dependerán de los movimientos que ejecuten las autoridades estadounidenses con respecto a la imposición de aranceles a los bienes chinos ayer anunciadas, una lista de bienes que está sujeta a un periodo de comentarios públicos de 30 días antes de que los gravámenes se apliquen.

En una rueda de prensa ofrecida hoy, el viceministro de Finanzas chino, Zhu Guangyao, volvió a insistir en que su Gobierno no desea entrar en una guerra comercial con Washingon, algo que resultaría perjudicial para los intereses de ambos, y aseguró que la cooperación “es la única elección correcta para los dos países”. Pero aunque dicen estar abiertos al diálogo, también volvió a dejar claro que Pekín no piensa arrugarse ante los desafíos que le llegan del otro lado del océnao. “China nunca ha sucumbido a la presión externa, que sólo hará que los chinos se concentren más en el desarrollo económico”, añadió, como ya reiteraron en días previos otros altos cargos comunistas.

Para algunos analistas, la contundencia de la respuesta de China de hoy ha sido mayor de lo que los mercados esperaban, razón por la que la gran mayoría de parqués reaccionó con fuertes bajadas nada más conocerse la noticia. “Los inversores no preveían que el país aplicara aranceles adicionales a productos sensibles e importantes como la soja o los aviones. Los inversores creen que una guerra comercial perjudicará a ambos países y a sus economías”, apuntó Gao Qi, de Scotiabank, a Bloomberg.

Ahora, sobre la mesa hay dos rondas de tarifas entre ambas potencias. La primera fue la anunciada por Washington el día 23 del mes pasado sobre las importaciones de acero y alumnio chinos, 3.000 millones de dólares a los que Pekín respondió este lunes anunciando aranceles por un valor similar a productos como la carne de cerdo, el vino, los frutos secos y los residios de aluminio.

La segunda tiene que ver con las alegaciones de EEUU de que China mantiene prácticas comerciales “desleales” y que ha violado repetidamente las leyes de propiedad intelectual al obligar a las empresas estadounidenses a transferir tecnología y conocimiento a sus empresas patrias como condición previa para poder operar en el país asiático, algo que estaría siendo aprovechado por el Gobierno comunista para crear gigantes tecnológicos en industrias de alto valor añadido (acusaciones que Pekín niega). Como resultado, Trump anunció en marzo la imposición de aranceles por valor de 50.000 millones de dólares, algo en lo que ahondó este martes al anunciar los 1.300 productos castigados, a lo que China ha respondido hoy mismo.

En términos generales, las cifras de este duelo todavía son modestas si se compara con el global de la relación comercial entre ambos, que ronda los 650.000 millones de dólares anuales. Aún así, se teme una escalada en el conflicto que haga imposible la resolución de sus diferencias y que lleve a una guerra comercial abierta que afecte a todo el mundo y de consecuencias inciertas.

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