Cuando el 21 de agosto de 1976 Moon Jae-in participó como soldado en la operación Operación Paul Bunyan, la Península de Corea se encontraba una vez más al borde de un nuevo conflicto. Tres días antes dos soldados norteamericanos habían muerto en Panmunjom en lo que se denominó el suceso del hacha, porque esa fue el arma que usaron los norcoreanos para acabar con sus vidas. Las tropas estadounidenses y sus aliados surcoreanos se desplegaron en ese mismo enclave -apoyados por helicópteros y aviones B-52- y concluyeron con la tala del árbol que había dado lugar al sangriento rifirrafe.

Este viernes, el mismo Moon Jae-in -ahora presidente de Corea del Sur- regresó a Panmunjom para abonar otro árbol, en este caso un pino, que regó junto al mandatario de Corea del Norte, Kim Jong-un, en uno de los muchos emotivos instantes que registró la histórica cumbre que protagonizaron los dos líderes en ese lugar, en la que prometieron poner fin al conflicto de la Península. “Hemos plantado paz y prosperidad”, se leía grabado en un monolito de piedra que inauguraron los dos dirigentes.

El significado real del encuentro de este viernes sólo se podrá evaluar con el paso del tiempo pero los dos protagonistas no ahorraron gestos y palabras que le otorgaron un carácter tan emotivo como impensable el año pasado, cuando la Península parecía encontrarse en una escalada de tensión imparable.

La historia común que están escribiendo los dos dignatarios coreanos comenzó a las 9:30 cuando Kim Jong-un se acercó la franja de cemento situada junto al conocido edificio azul que han usado durante décadas ambos lados para lidiar con su rivalidad militar -un lugar visitado de forma repetida por los turistas, que marca la línea que divide a los dos estados- y tras estrechar la mano de Moon Jae-in con una amplia sonrisa atravesó ese simbólico confín que ha dividido a las dos naciones desde 1953 entre los aplausos de los presentes, incluidos los periodistas.

Kim se convertía así en el primer miembro de la saga norcoreana que entraba en el territorio surcoreano desde la interrupción del conflicto.

Un largo camino

Según informó la oficina de Moon Jae-in, éste se dirigió a su invitado diciéndole: “Has venido al sur y me pregunto cuándo iré yo al norte”. Kim Jong-un replicó con la primera broma de su cita y agarró la mano de Moon instándole a dar un paso hacia atrás lo que oficialmente le colocaba del lado norteño. “En el momento que el presidente Kim cruzó la Línea de Demarcación Militar, Panmunjom, se convirtió en un símbolo de paz, no de división”, explicó después el propio Moon.

Kim también se refirió a este pequeño paso físico que sin embargo ha levantado enormes expectativas en el imaginario popular surcoreano.”Cuando caminaba hacia aquí pensé ¿Por qué ha sido tan difícil llegar hasta aquí?. Ni siquiera era una línea elevada. Era muy fácil de cruzar y hemos necesitado 11 años para llegar hasta aquí”, indicó.

La entrevista concluyó con un comunicado final en el que las dos naciones prometían “que no habrá más guerra en la Península de Corea” y abrir “una nueva era de paz” en ese territorio. El texto incluyó también un compromiso para reducir el arsenal bélico en la línea limítrofe de las dos naciones, conseguir que Corea quede libre de armas atómicas “mediante la desnuclearización completa” -algo que se anticipa como el elemento más problemático de las negociaciones ulteriores-, la suspensión de cualquier tipo de “hostilidades” y la búsqueda junto a China y EEUU de un tratado de paz definitivo que sustituya al armisticio que detuvo la guerra de Corea en 1953.

El jefe de filas norcoreano admitió que todos esos compromisos no son sino “el principio, la punta del iceberg” y que todavía “resta un largo camino” en el que pueden surgir “problemas”, pero añadió: “No debemos tener miedo al futuro”.

Ambos países acordaron también reanudar los encuentros de familias separadas por el conflicto, el primero de los cuales se celebrará el próximo 15 de agosto, una visita de Moon Jae-in a Pyongyang en octubre y reuniones entre comisiones militares de forma regular.

Kim, acompañado por su hermana

Tras cruzar la marca divisoria por la mañana, Kim Jong-un recibió un ramo de flores de una pareja de niños y fue escoltado a través de una enorme alfombra roja por toda una cohorte de guardias de honor ataviados con trajes y pendones de época bajo el sonido de las trompetas recordando un pasado en el que ambas naciones compartían la misma dirección.

Moon le explicó que era una versión abreviada del ritual oficial que se lleva a cabo en la sede presidencial de Seúl y en tono conciliador le dijo que si acudía a la capital surcoreana podría presenciar la ceremonia al completo. “Pues iré en cuanto me invites“, le respondió Kim Jong-un, según la transcripción del diálogo que suministró un portavoz presidencial surcoreano, Yoon Young-chan.

La imagen de un mandatario norcoreano ante el contingente militar que le rindió honores también antes de acceder a la sede de la entrevista oficial, la llamada Casa de la Paz, también pasará a ocupar un lugar privilegiado en las hemerotecas de estas dos naciones.

Una nueva historia comienza ahora. Una era de paz comienza en este momento histórico“, escribió Kim Jong-un en el libro de invitados de la Casa de la Paz nada más entrar en el edificio. Los dos dirigentes saludaron a las comitivas que acompañaban a su contraparte y Moon les instó a juntarse para hacerse una foto común en las escaleras del habitáculo.

Kim Jong-un acudió secundado por nueve de sus principales asesores, incluida su hermana Kim Yo-jong, y Kim Yong-nam, el jefe nominal del estado norteño. Ambos fueron los representantes elegidos por el jefe de filas de Corea del Norte para comandar la delegación que envió a los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebraron en Corea del Sur en febrero, lo que abrió la puerta a la presente ofensiva diplomática.

Kim Yo-jong se ha consolidado como una de las asistentes más influyentes del mandatario norcoreano, como reconoció el ex ministro de Unificación surcoreano, Jeong Se hyun. “Se está desempeñando como si fuera su jefe de gabinete. Tienen una relación muy cercana. No es una mujer ordinaria. Tiene una mente muy abierta, como su hermano. Quizás haya influido que ambos estudiaron en el extranjero”, declaró uno de los mejores conocedores de las interioridades del régimen norcoreano a la televisión local.

Una cumbre diferente a las anteriores

El tono cordial y las bromas fueron las notas dominantes en los primeros intercambios verbales, donde Kim Jong-un se permitió incluso la ironía de “prometer” a Moon Jae-in que “podrá dormir muy bien por las mañanas a partir de ahora” en una alusión a los ensayos de misiles que solían desatar la alarma en Seúly que se solían producir de madrugada.

También hubo palabras de mayor calado político como cuando el tercer miembro de la saga que controla Corea del Norte recordó de forma tácita las expectativas nunca cumplidas de otras muchas citas similares y dijo que “se puede conseguir un buen acuerdo pero lo importante es que se cumpla, porque si no se cumple decepcionaremos a mucha gente”. “Vengo a poner fin a una historia de confrontación y resolver los asuntos que crean problemas en nuestra relación mutua”, insistió Kim.

Esta es la tercera entrevista que mantienen las máximas autoridades de las dos Coreas tras las que se celebró el año 2000 y la subsiguiente de 2007 -fruto de la llamada Política del Amanecer que rigió entre 1998 y 2008, y que propició la aproximación de ambos estados-, con la significativa diferencia de que en las dos anteriores fue el presidente surcoreano quien tuvo que desplazarse hasta Pyongyang, otorgando una victoria diplomática y de imagen a Corea del Norte.

El contenido de las discusiones previstas también supone un significativo contraste con aquellas dos cumbres, que intentaron aparcar cualquier discusión sobre el arsenal nuclear de Corea del Norte, algo que ahora constituye el motivo principal de la presente cita, según indicó el propio Moon Jae-in.

Antesala del encuentro con Trump

Pese a la gran esperanza que se ha creado en torno a estos contactos, hay numerosos expertos como Andrei Lankov, profesor de Estudios Coreanos de la Universidad Kookmin de Seúl, que coinciden con Kim Jong-un en que las conversaciones intercoreanas sólo han sido “un primer paso” para adentrarse por un proceso de negociación tan complejo como imprevisible.

“Este es un encuentro de preparación para el que mantendrán Kim Jong Un y Donald Trump. Hay que esperar muchos gestos simbólicos pero hay que tener en cuenta que Moon Jae-in no podrá tratar dos de los asuntos claves del caso norcoreano: no podrá discutir los detalles del proceso de desnuclearización, eso lo controla EEUU, y tampoco podrá reanudar la colaboración económica con Corea del Norte, dado que la mayor parte se encuentra afectada por las sanciones internacionales y eso se vería como una violación de las resoluciones de Naciones Unidas”, declaró Lankov antes de que terminara el diálogo.

El presidente Trump, el mismo que había prometido “furia” y alardeado de su “botón nuclear”, se felicitó del resultado de la entrevista dando por supuesto que la guerra de Corea ha concluido. “¡La guerra de Corea va a terminar! EEUU y todo su pueblo deben de estar orgullos de lo que está pasando en Corea. ¡Son buenas cosas, pero sólo el tiempo nos dirá!”, aseveró en un tuit.

Lankov es uno de los que defiende sin reparo que Corea del Norte no desmantelará su arsenal nuclear “al menos en lo que queda de siglo” y que la única opción es instar a ese país a congelar el desarrollo de su programa atómico “y quizás a entregar parte de sus armas si hay incentivos”. “Hay que ser realistas”, apostilló.

Su escepticismo contrastaba con el interés masivo que promovió la reunión, que llevó a que miles de personas que se congregaron a primeras horas de la jornada en las calles de Seúl cercanas al palacio presidencial para poder saludar el convoy que llevó a Moon Jae-in desde la capital de este país a la Zona Desmilitarizada o a que otras muchas se acumularan frente a las pantallas de televisión en la Estación de Tren capitalina para observar la conclusión de la jornada, que terminó con un espectacular concierto en el mismo escenario de la entrevista.

Tras compartir una cena con sus respectivas esposas, Kim Jong-un asistió a la interpretación de la canción que une a los coreanos -la famosa Arirang- mientras Moon le cogía cariñosamente de la mano. Todo un mensaje que podría coincidir con el titular que hoy utilizaba uno de los diarios capitalinos, el Seoul Shinmun, que había escrito en su su portada: “Más allá de la división, un nuevo camino hacia la paz”.

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