Los escoceses ofrecieron en Marbella un concierto de dos horas en las que repasaron los éxitos de sus 30 años de historia frente a una audiencia entusiasmada

El repertorio estuvo basado en un claro viaje a los 90 que comenzaba con ‘I don’t want a lover’, su primer éxito repleto de los ingredientes imprescindibles del sonido de la banda: mezcla de rock suave y blues, una línea de bajo impecable y una guitarra potente.

Sharleen Spiteri se lanzaba al escenario con traje de chaqueta azul con una camiseta blanca de Apple Bonkers, mientras que la banda le hacia el fondo toda vestida de negro. Con una guitarra verde colgada, tardó poco en pedir a los asistentes que se levantaran de sus asientos y no los dejo sentarse aclamando continuamente palmas, coros y mucha marcha. El público estaba encendido ya desde los primeros acordes, a los que le siguieron temas como ‘Summer son’, ‘Halo’ y ‘Everyday now’, todos intercaladas con intervenciones de la simpática cantante.

La cantante, que acaba de cumplir 50 años, en uno de sus discurso entre canción y canción aprovechó para hacer comentarios respecto a la edad de los asistentes y reírse sola: “Aquí veo mucha gente mayor, incluida yo misma, y aunque hace un calor que te mueres quería deciros que nosotros también tenemos piernas. ¡Y vamos a bailar!”. ¡Para que dijo más! El público se desató bajo los primeros acordes de la siguiente canción ‘Thrill is Gone’, de su primer trabajo, y ‘Let’s work it out’, más funky y la primera concesión del repertorio a su último trabajo, junto a ‘Tell that girl’.

Después la banda continuó con un despliegue de temas del tamaño de ‘In demand’, con marea de luces de móviles, ‘Black eyed boy’ o el gran ‘Inner smile’, con su “Yeah, yeah” que el público repetido hasta la saciedad y fue una de las canciones más movidas del repertorio y la antecesora de ‘Say what you want’, otro de sus temas grandes de la banda, con el que hicieron el numerito de despedirse, para regresar con una versión de “el hombre que ha hecho todo lo que hay que saber de la música”, el ‘Suspicious mind’ de Elvis Presley. Después de casi dos horas de ‘revival’, el público abandonó el recinto para que lo volviera a llenar un enorme ejército de Millennial que se disponía a escuchar a Juan Magan pasadas las dos de la mañana.

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