• Cuarto título seguido de los azulgranas, que trituraron al Sevilla en una final para la historia
  • Las lagrimas de Iniesta que insinúan su adiós del Barça

Mucho debería agradecerle el fútbol español a este Barça, un equipo que prestigia las competiciones domésticas como nadie, incluso con el riesgo de perder fuelle en Europa. En especial, la Copa de Su Majestad el Rey, terreno abonado para el éxtasis azulgrana. Como ha sucedido tantas y tantas veces, aupado ya desde hace años como el verdadero rey de Copas. También sucedió en el Wanda Metropolitano, donde el equipo de Valverde volvió a dar lustre a la Copa triturando al Sevilla en una de las finales que mejor ha jugado el Barça en toda su historia.

La euforia por el triunfo, por el primer título de la temporada –no será el último, la Liga está al caer-, no debería ocultar la sensación agridulce que también reina en el barcelonismo, en pleno proceso de digestión de la debacle de Roma. Si el Barça que pisó el Wanda hubiera sido el mismo en el Olímpico, el aeropuerto John Lennon esperaría el martes el avión azulgrana.

El Barça jugó una de las mejores finales de toda su historia

La exhibición de los futbolistas del Barça ante el Sevilla se puede interpretar como una manera de pedir perdón a la afición por lo ocurrido en Champions. También, como la reacción de un vestuario con el orgullo herido. Y, por qué no, como un homenaje a Andrés Iniesta, que si un terremoto no lo remedia, disputó su última final como futbolista azulgrana. Gigantesco el manchego sobre el verde madrileño, maravillosos todos sus gestos con el balón para decir adiós por la puerta grande con un gol de museo.

La actitud del Barça desde el pitido inicial dejaba entrever sus ganas por levantar el trofeo, insultantemente superior a un Sevilla fundido. El partido fue como una película en la que se desvela el final en la primera escena. Una especie de ‘Memento’, pero en lugar de ir haciendo retrospectiva, el Barça siguió avanzando, borrado de cuajo cualquier atisbo de emoción en toda una final de Copa.

Andrés Iniesta, con su Copa del Rey.
Andrés Iniesta, con su Copa del Rey. (Kiko Huesca / EFE)

La final rescató la mejor versión de un equipo, el de Valverde, venido a menos en las últimas semanas sin ninguna razón evidente más allá del cansancio, físico y psicológico. Pero esta vez, el Sevilla, uno de los equipos que más al límite había llevado al Barça en este tramo final de curso, no tuvo respuestas. La versión apisonadora de los azulgranas hubiera pasado por encima suyo como un tractor sobre una margarita con cualquier esquema y alineación.

Todos los futbolistas del Barça estuvieron a su nivel habitual, como el engranaje de un reloj suizo. Si acaso, a Coutinho se le vio algo desubicado. Pero funcionaron a la perfección desde el portero hasta el último delantero, como quedó patente en el gol que inauguró el marcador antes del primer cuarto de hora. Un pase kilométrico, y milimétrico, de Cillessen Coutinho lo leyó fatal Soria, incapaz de achicar. Luis Suárez sólo tuvo que empujarla.

Hasta Cillessen brilló en el Wanda fabricando medio gol con un pase tan preciso como kilométrico

El huracán azulgrana se llevó por delante al Sevilla con una violencia cósmica, que se notó hasta en el último confín de la galaxia. Messi e Iniesta soplaban por el centro, Alba Sergi Roberto se dejaban llevar por las bandas y Suárez destrozaba la defensa adelantada planteada por Montella con sus desmarques de rotura. El Sevilla era un Lego roto y el Barça, en lugar de reconstruirlo, machacaba hasta las piezas. Sólo Navas parecía luchar contra el destino, intentando agarrarse a una raíz mientras caía al vacío.

A la media hora, la final estaba encarrilada para los azulgranas. Una carrera de Alba acabó, como casi siempre, con un pase a Messi que fusiló a Soria. No suele fallar la Pulga en las finales y tampoco lo hizo en el Wanda, uno de los escasos terrenos que le quedaba por conquistar al Alejandro Magno argentino. Antes del descanso, el Sevilla saco el pañuelo blanco. Una pared maravillosa entre Suárez y Messi acabó con el tercero del Barça, obra del uruguayo. No había final.

Montella, impotente ante el Barça
Montella, impotente ante el Barça (Kiko Huesca / EFE)

Intentaron enseñar las garras los andaluces al inicio del segundo acto, tímida su reacción pero una reacción al fin y al cabo. Similar a la del Barça en los últimos minutos de Roma. Tarde y mal, que diría un castizo. El amago de reacción acabó en las botas de Iniesta, las mismas que han visto nacer algunos de los mejores momentos de la historia del club. El pase de Messi lo recibió el manchego, que sacó la varita y firmó el cuarto de la noche de manera majestuosa.

La final tuvo incluso tiempo de dar un último giro, también en favor de los intereses azulgranas, cuando Messi, siempre magnánimo, le cedió a Coutinho el lanzamiento de un penalti, que supuso la manita. Consciente el argentino de que el brasileño debe ser una pieza fundamental del Barça la próxima temporada.

Borracha, caminando de lado a lado, la Copa acabó rebosando Barça, rubricado el cuarto título seguido de los azulgranas con el pitido final. No se veía nada igual desde antes de la Guerra Civil. El primer título de la era Valverde se levantó a lo grande, consuelo quizás insuficiente tras lo de Roma, pero, sin duda, la primera piedra de una temporada para la historia si se concreta el título de Liga. Quizás la última de Iniesta. Una pena de tamaño incalculable.

Ficha técnicaSevilla, 0 – Barcelona, 5

Sevilla: David Soria; Jesús Navas, Mercado, Lenglet, Escudero; Nzonzi, Banega; Pablo Sarabia (Layún, m.83), Franco Vázquez (Nolito, m.86), Correa (Sandro, m.46); y Muriel.

Barcelona: Cillessen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Rakitic, Sergio Busquets (Paulinho, m.76), Iniesta (Denis Suárez, m.87), Coutinho (Dembele, m.82); Luis Suárez y Messi.

Goles: 0-1, M.14: Luis Suárez. 0-2, M.31: Messi. 0-3, M.40: Luis Suárez. 0-4, m.52: Iniesta. 0-5, M.69: Coutinho, de penalti.

Árbitro: Jesús Gil Manzano (Comité Extremeño). Amonestó a Mercado (m.34), Escudero (m.38), Iniesta (m.67), Busquets (m.74) y Franco Vázquez (m.74)

Incidencias: final de la Copa del Rey, disputada en el Wanda Metropolitano de Madrid ante unos 67.000 espectadores. Presidió el encuentro el Rey Felipe VI.

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