• El mallorquín buscará este domingo ante Tsitsipas su undécima corona en Barcelona

Jugar contra Nadal en tierra debe ser una dura prueba de autocontrol. En la mayoría de ocasiones, los rivales del mallorquín deben hacer esfuerzos sobrehumanos para no tirar su raqueta y abandonar la pista. Resulta desesperante toparse con un frontón indestructible. Bien lo sabe David Goffin, décimo jugador del mundo, que cuando creyó ver una grieta en el de Manacor le acabó explotando en las manos. El rey de la tierra jugará este domingo la final del Trofeo Conde de Godó, donde buscará su undécima corona. La leyenda puede continuar.

Nadal finiquitó su duelo ante Goffin en apenas dos sets (6-4, 6-0), muy trabajado el primero y un paseo el segundo, el rival que más dificultades le presentaba a priori. La próxima estación tiene acento griego, ya que su rival en la final será el sorprendente Stefanos Tsitsipas , verdugo en la primera semifinal de Pablo Carreño. No se han enfrentado nunca en ATP.

Nadal borró a Goffin en un segundo set impecable

No es extraño que a Nadal le cueste aterrizar en un partido. Ya le pasó en primera ronda de este Godó y le volvió a suceder ante Goffin, capaz de firmar un break en el primer juego del partido. La grieta. Pero en el 2-0 comenzaron a desvanecerse las opciones del belga porque el mallorquín empezó a partir de entonces a pegar golpes más profundos, más esquinados, y su bola pesaba cada vez más.

Goffin presentó batalla hasta que la extenuación pudo con él. Cada punto que sumaba requería consumir un nivel de energía demasiado grande. Enfrente, la mejor versión de Nadal en toda la semana le hacía correr de lado a lado, aunque no hay tenista tan indescifrable como el belga. Por muy desesperado que estuviera, no lo dejaba entrever.

David Goffin golpea la bola en el Godó
David Goffin golpea la bola en el Godó (Josep Lago / AFP)
Las fuerzas de Goffin se acabaron en el último juego del primer set, cuando Nadal le rompió el servicio para subir el 6-4 al marcador. Una hora de esfuerzo titánico se iba al garete en un abrir y cerrar de ojos, y eso le destrozó como hubiera hecho con cualquier ser humano. Se quedó sin fuerzas y sacó el pañuelo blanco. El nivel tenístico del primer set había rozado lo excelso, pero el segundo sobró. Al menos para el belga, que no volvió a sumar un juego más hasta darle la mano al mallorquín, sellado el segundo rosco de la semana.

Nadal, que le había ganado a Goffin en las dos ocasiones que se habían enfrentado sobre arcilla, sumó su tercera victoria ante un siempre combativo belga y se metió de cabeza en una nueva final. Sigue sin perder un solo set en todo el torneo, aumentando otro récord para el recuerdo. No tiene frenos el mallorquín, ídolo en Barcelona. Un nuevo Godó le espera.

Rafa Nadal levanta los brazos en señal de victoria
Rafa Nadal levanta los brazos en señal de victoria (Josep Lago / AFP)

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