El Madrid de Zidane, el equipo de ensueño que barrió a la Juve en la final de Cardiff y que vaticinaba abrir un ciclo con una plantilla que mezclaba experiencia con jóvenes talentos, se ha prácticamente despedido —salvo milagro— de la lucha por la Liga en el mes de diciembre, sin que haya terminado todavía la primera vuelta del campeonato.

La dura derrota (0-3) en el clásico, contra un rival que parecía jugar andando, deja a los blancos a 14 puntos del Barcelona. Once si le gana al Leganés el partido que le queda por recuperar de la jornada aplazada por el Mundial de Clubes. Lo mismo da, los de Zidane, que arrebataron a los azulgrana la Supercopa de España y al Manchester United la Supercopa de Europa, se dejaron ir de tal manera en el arranque liguero que se asoman ahora a un abismo, un precipicio que dictará en febrero su sentencia.

El ataque padece un mal endémico, le cuesta un mundo marcar goles. Los blancos llevan 10 menos que el año pasado. Benzema no ve portería ni con prismáticos y Cristiano Ronaldo interrumpió el sábado la racha de cuatro partidos seguidos marcando. La defensa concede ocasiones de gol a cualquier rival, ya sea el Apoel o el Al-Jazira que jugaba a la Play con las camisetas del Madrid. De no haber sido por Keylor Navas, los blancos podrían haberse llevado el doble de goles en el clásico del sábado. Zidane aseguró al terminarlo que lo importante ahora es descansar, pasar unos días con las familias y luego pensar en lo que les espera en enero. Afirmó que el equipo volverá más fuerte que antes. No tiene otra opción que conseguirlo si quiere enderezar el rumbo de la temporada.

La Champions, que siempre ha sido el salvavidas del equipo —a eso se aferró el club, de hecho, cuando echó a Benítez en enero de 2016— tiene otro color viendo cómo está el Madrid. En octavos le espera el PSG, una apisonadora en ataque con el tridente formado por Neymar, Cavani y Mbappé. Llevan mucho más del doble de goles (54) en lo que va de temporada que Cristiano y Benzema (21). Si al Madrid le ha costado motivarse contra rivales como el Levante, el Betis o el Valencia, más le va a costar ahora que está descolgado de la Liga.

Los jugadores aseguran que no bajarán los brazos, pero con otro pinchazo más —si el Barça no falla— no sólo no habría más opciones para mantener viva la llama, sino que tendría que empezar a preocuparse por sus rivales que le adelantan en la tabla. La Copa aguarda a la vuelta de las vacaciones con la salida a Soria contra el Numancia. Puede ser un termómetro para medir la tensión competitiva del equipo después del batacazo en el clásico.

Despedirse de la competición copera dejaría al equipo con la única opción de la Champions, trofeo que ha ganado tres veces en los últimos cuatro años y del que parece no empacharse nunca. Jugárselo a todo o nada contra un rival como el PSG, sin embargo, y con esos problemas de puntería no parece, a priori, el mejor panorama.

En las últimas semanas, las sensaciones en el Bernabéu eran negativas ante el clásico y positivas en relación con los octavos de Champions. Recordaban hace poco que el partido de vuelta (que se jugará en Paris el 6 de marzo) cae justo en el 116 cumpleaños de la entidad. Ya lo han marcado en rojo en el calendario. Saben en el club que en la Liga de Campeones siempre suena otra música, que el Madrid se transforma cuando escucha ese himno. Zidane tiene un mes y medio para que su equipo vuelva a coger el pulso, acierto de cara a la portería y para que Bale termine su rodaje y empiece a jugar 90 minutos.



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